Tu experiencia incluye un vuelo de una hora, bocadillos y una botella de vino espumoso todo para dos personas. Puede incluir transporte local al globopuerto si así lo deseas.
Ni cruzando el Atlántico, ni volando en primera clase, ni abordando un avión privado, sentirás el viento pegándote en la cara mientras tú y tu pareja observan el panorama, sin ventanas de por medio. No hay avión que se pueda comparar con el ambiente que se crea a bordo de una simple canasta, impulsada suavemente por las corrientes de aire. Recorrerán el cielo mexicano en un vehículo que ha sobrevivido entre las nuevas aeronaves y sigue siendo vigente después de más de 200 años: el globo aerostático. Como si fuera un mantel gigantesco, verán cómo el globo se empieza a extender. Poco a poco, se irán elevando hasta descubrir los paisajes extraordinarios y percibir la tranquilidad que se vive lejos del suelo.